Ella sentía que la picha perdía vigor y comenzaba su lento deslizamiento hacia fuera de la hendidura... hasta que, al final, el miembro se retiró del nicho donde muy pocos hombres entraban y una fría corriente cruzó por el coño cual viento que viniera de la tumba. Todo había terminado y, mirando el infinito satisfecha, ella pensó: si se produjera ahora mismo un terremoto y muriese en el acto, no me importaría.